Fibrosis quística

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La Fibrosis Quística (FQ) también denominada Mucoviscidosis, es la enfermedad hereditaria autosómica recesiva grave más frecuente en la raza blanca. Afecta a todas las glándulas exocrinas del organismo (glándulas mucosas del tracto respiratorio, del tubo digestivo y del sistema reproductor, así como a las glándulas serosas del sudor y de la saliva), por lo que su cuadro clínico cursa fundamentalmente con bronconeumopatía obstructiva crónica, insuficiencia pancreática exocrina y disfunción intestinal, funcionamiento anormal de las glándulas sudoríparas y disfunción urogenital.

Fibrosis Quística
Clasificación y recursos externos

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Cromosoma 7.jpg
CIE-10 E84.
CIE-9 V.83.81

Sinónimos

Historia

La FQ antes de ser reconocida por la medicina científica, ya era conocida en los medios populares o Folkmedicina, en regiones del Centro y Norte de Europa, identificándola y describiéndola como “pobre niño aquel que al besarle la frente sabe a sal, un embrujo pesa sobre él y no tardará en morir”. Manuscritos de autopsias del siglo XV y posteriores, presentan hallazgos de poder ser FQ (Peter Paaw, Gerardus Blasius, Bartholomeus Taubenheim…). Georg Seger (1963) realizó la primera historia clínica conocida. Nils Rosen von Rosestein, (1706-1773), describe en sus pacientes un cuadro diarreico, que denominó “fluxus coeliasus”, probablemente eran enfermos de FQ. Carl Von Rokitansky (1838) describe los resultados de una autopsia en un feto de 7 meses con perforación del I. delgado y flujo meconial libre en cavidad peritoneal e inflamación. Alois Bednar (1850) describe un caso similar.

En 1936, la FQ fue considerada, por primera vez, como entidad independiente por Fanconi, quien describió un síndrome celiaco con insuficiencia pancreática y bronquiectasias. Dorothy Andersen (1938) publica la primera descripción de la clínica e histopatología de la FQ. Farber (1943) afirmaba que era una enfermedad generalizada que afectaba a las glándulas secretoras de moco y la denominó Mucoviscidosis. Andersen y Hodges (1945) concluyeron que la incidencia familiar observada era concordante con una herencia autosómica recesiva, clasificándola como genética. Bodian (1952) describió por primera vez la cirrosis biliar focal, lesión patognomónica de la FQ en el hígado, así como otras teorías.

También, en ese mismo año, Di Sant´Agnese, Darling, Perera y Ethel Shea, concluyeron que las deshidrataciones con alcalosis hipoclorémica y postración, sufridas por pacientes con FQ, en una ola de calor ocurrida en New York, se debían a la eliminación anormal de cloro por el sudor; y desde entonces, la determinación de Cl y Na, se viene utilizando para el diagnóstico de la FQ. En 1955, Sant´Ágnese, notificó casos de FQ con función pancreática normal.

En 1959, Gibson y Cook, informan de la medición de electrolitos del sudor a través de una iontoforesis con pilocarpina. Durante la década de los 50-60, se fueron perfilando las diferentes formas clínicas de esta enfermedad y en 1963, Shwachman, publicó que el 15% de los pacientes con FQ no tenían afectación pancreática, estableciendo un sistema de puntuación clínico de gravedad, que aún se sigue usando. Bishop y Koop (1964), mediante la técnica quirúrgica denominada ileostomía, consiguieron salvar muchas vidas; y posteriormente Noblett, (1965) utilizó el Gastrografin® en el íleo meconial no complicado, consiguiendo curaciones sin utilizar medios quirúrgicos. Quiton (1983) descubrió que el defecto específico de la FQ era una reabsorción defectuosa del cloro a nivel de las células del epitelio glandular, lo que marcó un cambio en la investigación de esta enfermedad, intentando buscar la proteína anómala de la FQ, decidiendo buscar directamente en el genoma. La localización de la región cromosómica donde se encontraba el gen se inició con los trabajos de Eiberg (ligamiento de la FQ con la paraoxonasa, 1985), Lap Chee Tsui, (describe un marcador en el cromosoma 7); R, White (descubre el gen MET); Williamson (descubre el marcador DNA J3,11) y Farral, en 1987, utilizando estos métodos para diagnóstico pudo excluir por primera vez la presencia de FQ en un feto. Pero no sería hasta finales de 1989, cuando Riordan, Rommens y Kerem, y Lap Chee Tsui, en estudios por separado, identificaron el gen de la FQ; este gen (FQ de AMPc/PKA-dependiente, que requiere ATP), codifica una proteína conocida como CFTR (del inglés cystic fibrosis transmembrane conductance regulator) regulador de la conductancia transmembrana de la FQ.

Hitos importantes son también las nuevas terapias investigadas en todos los campos de la medicina.

Clásicamente, la FQ, fue considerada como enfermedad típica de la infancia, perdiendo estas características por la mayor supervivencia de los pacientes debido a múltiples factores (mejora del diagnóstico, tratamiento integral en las unidades de FQ, avances en la terapia antibiótica y terapias crónicas de mantenimiento de la función pulmonar, incorporación de las enzimas pancreáticas “acidorresistentes” y un correcto seguimiento nutricional) y porque algunos pacientes son diagnosticados en la edad adulta, ya que presentan una menor penetración de su alteración genética y sus manifestaciones clínicas son más solapadas.

Definición

La FQ es una enfermedad genética de herencia autosómica recesiva, originada por mutaciones en un gen localizado en el brazo largo del cromosoma 7, que codifica la síntesis de la proteína CFTR y su ausencia condiciona una anomalía en el transporte iónico, provocando una disfunción de las glándulas de secreción exocrina, con producción de secreciones particularmente viscosas.

Epidemiología

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La aparición de la FQ varía de unos países a otros, su incidencia se estima en 1/2000-4000 nacimientos, dependiendo de la población. Los datos de Europa se basan en estudios epidemiológicos y/o detección precoz de la enfermedad (Tabla I). En Estados Unidos la incidencia es de 1/3500 en la población de raza blanca y 1/17000 en la de raza negra; en Asia se estima en 1/90000.

Dado que la FQ se transmite de forma autosómica recesiva, los padres de los niños afectados deben ser ambos portadores sanos de la enfermedad (Fig. 1); por lo que de los datos de incidencia se infiere, que la prevalencia de portadores sanos en la población general puede ser aproximadamente de 1/25 a 1/30.

Fisiopatología

La clonación del gen de la FQ, en 1989, ha sido sin duda, un avance crucial para el conocimiento de esta enfermedad

GENETICA

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La FQ está causada por la alteración de un gen denominado CFTR (Cystic Fibrosis Transmembrane conductance Regulator) o RTFQ (Regulador de la Conductancia Transmembrana de la Fibrosis Quística), que se transmite según un patrón mendeliano de herencia autosómica recesiva, por lo que para presentar la enfermedad es necesario que la mutación del gen esté en las dos copias del gen CFTR (Fig. 1). Su locus se encuentra en el brazo largo del cromosoma 7, en la región 7q31; su tamaño es de 250 kb con 27 exones, con un rango de 38 a 724 kb (Fig. 2).

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Este gen codifica una proteína, que se sintetiza en el núcleo celular y conlleva una serie de procesos antes de quedar finalmente situada en la membrana celular, para regular el transporte iónico. Está compuesta de 1480 aminoácidos y se denomina Proteína Transportadora de transmembrana (CFTR), que actúa como un canal de cloro dependiente de AMPc y en la regulación de otros canales de transporte de iones . Su ausencia o disfunción es una regulación inadecuada del contenido hidroelectrolítico en los epitelios en los que se expresa dicha proteína (Pulmón, páncreas, intestino, tracto hepatobiliar, glándulas sudoríparas y conductos deferentes), lo que da lugar a la producción de un moco hiperviscoso que obstruye los conductos del órgano donde se localiza y con repercusiones multisistémicas que condicionan la mayoría de las manifestaciones clínicas de la enfermedad. En la actualidad se han descrito más de 1900 mutaciones (Cystic Fibrosis Mutation Database) de dicho gen CFTR, aunque no todas dan origen a la enfermedad. Se ha intentado determinar en qué medida influye el genotipo sobre la expresión fenotípica de la enfermedad, mas los resultados obtenidos han sido poco clarificadores.

La primera mutación encontrada fue la ΔF508 (deleción de tres nucleótidos en el exón 10; el gen mutante codifica una proteína carente de fenilalanina en la posición 508), presente en casi el 75% de la población caucásica. Estas mutaciones se han clasificado en 6 clases, según el mecanismo por el que causan la enfermedad: Clase I (Alteración de la producción de la proteína), resulta de un defecto de inestabilidad del ARMm o de una proteína anormal, la cual es rápidamente degradada (Gly542X, Trp128X, Arg553X, 621+1G→T); Clase II (Alteración del procesamiento de la proteína) hay un fallo en el proceso de síntesis codificando una proteína mal plegada y estructuralmente anormal y se elimina por el retículo endoplásmico antes de llegar a la superficie celular (ΔF508, Asn1303Lys, Ile507del, Arg560Thr); Clase III (Alteración de la regulación o canal disfuncionante) la proteína esta correctamente localizada, pero defectuosa en la actividad del canal que se mantiene cerrado (Gly551Asp, Gly178Arg, Ser549Asn); Clase IV (Alteración de la conducción o flujo reducido de iones) la proteína está correctamente localizada y regulada, pero hay disminución en la conductancia de iones cloro a través del canal (Arg117His, Arg347Pro, Arg334Trp); Clase V (Síntesis disminuida de la proteína) presenta cantidad reducida de CFTR en la superficie celular, por lo que se produce cierta función, pero a un nivel disminuido (3849+10kbC→T, 3120+1g→A); finalmente en la Clase VI existe un descenso de la vida media de la proteína con defecto de regulación de más canales en la superficie celular (4326delTC, Gin1412X, 4279insA).

PROTEÍNA CFTR

Es una glicoproteína que regula el transporte de Cloro a través de la membrana de las células epiteliales exocrinas, dependiente del AMPc. El paso del Cl- ocurre por unos canales que se abren en respuesta al aumento de los niveles celulares de AMPc, que, a su vez, activa a la enzima proteincinasa. Esta sustancia facilita el paso del Cl- mediante la fosforilación de la proteína CFTR. Si ésta está alterada, se produce un trastorno de la regulación de los canales de Cl-, que se traduce en una disminución de la secreción de agua, manteniéndose la misma cantidad de proteína. Esto conducirá a un aumento de la viscosidad de las secreciones y a una disminución de la motilidad del órgano afectado, provocando una obstrucción de los conductos de los órganos que poseen células epiteliales exocrinas (pulmón, páncreas, intestino y glándulas sexuales). En las glándulas sudoríparas de los pacientes con FQ, la conductancia del epitelio de los conductos se encuentra reducida a un nivel casi indetectable, consiguientemente, los iones Na+ y Cl- son reabsorbidos muy pobremente, originando un alto contenido de sal en el sudor, alteración que permite establecer el diagnóstico de la enfermedad.

PATOGÉNESIS

En el citoplasma se forma la proteína CFTR, posteriormente es trasladada a la membrana extracelular, donde funciona como un canal del Cl-; dichos canales intervienen muy directamente en el intercambio hidroelectrolítico intra-extracelular, jugando un papel fundamental en la excreción adecuada de fluidos en las glándulas exocrinas de nuestro cuerpo, (páncreas, bronquios, glándulas salivales, intestino y epidídimo) así como en las glándulas serosas (sudoríparas), en las que los iones Cl y Na salen a la luz por la parte proximal de dichas glándulas, con el fin de arrastrar agua y excretarla en la superficie de la piel para termorregulación corporal; para ahorrar iones, la mayor parte de Na y Cl se reabsorbe en la parte distal que es impermeable al agua; en el caso de la FQ, la alteración de la proteína CFTR, hace que el anión Cl- no pueda seguir al flujo del catión Na+ hacia el interior celular, ya que sus canales CFTR de cloro alterados y consiguientemente dichos iones no se reabsorben y se eliminan al exterior con el agua; y en las glándulas exocrinas, conduce a una anomalía en el transporte iónico de sus secreciones, provocando una obstrucción de los conductos de dichas glándulas. Por tanto podemos decir que en la FQ se producen cuatro tipos de anomalías:

1.- Concentración anormal de iones inorgánicos en la secreción de las glándulas serosas (aumento, sobre todo, de cloruro sódico en el sudor)

2.- Hiperviscosidad del moco asociada a obstrucción y fallo de la función glandular mucosa.

3.- Gran susceptibilidad a las infecciones crónica bronquiales por determinados gérmenes: Staphylococus Aureus (SA), Haemophilus Influenzae (HI) y Pseudomona Aeruginosa (PsA).

4.- Tendencia precoz a la diarrea.

Concretamente, en pulmón, se produce una reacción inflamatoria mediada por neutrófilos en respuesta a la infección; provocando un estrés oxidativo con liberación de radicales libres y enzimas proteolíticas, que están incluso en fases precoces de la enfermedad. Por otro lado la propia infección produce bronquitis, bronquiolitis, neumonía, atelectasias y bronquiectasias, lo que conduce a la producción de fibrosis. En los lavados broncoalveolares de estos pacientes, se encuentran concentraciones elevadas de interleuquinas IL-1 e IL-8, que es el quimiotáctico más potente para los neutrófilos. Las proteasas y elastasas se liberan en gran cantidad, produciendo la digestión de la elastina y otras proteínas estructurales, lo que conlleva a la aparición de bronquiectasias.

Fisiopatología de la patología pulmonar en la FQ.jpg

En la FQ con insuficiencia pancreática también se afectan los sistemas de defensa antioxidante, por lo que la producción de enzimas está disminuida y con ello se dificulta la absorción de vitaminas y ferritina necesarias para la oxidación natural, produciendo un círculo vicioso inflamación-infección-daño tisular (Fig. 3).

CLÍNICA

La sintomatología dependerá de la edad de aparición y de los órganos afectados; siendo en la infancia donde la mayoría de los pacientes presentan sus primeros síntomas, que suelen ser respiratorios y digestivos, pero no son los únicos afectados.

Manifestaciones respiratorias

La importante morbimortalidad de esta enfermedad está relacionada con la afectación pulmonar y sus complicaciones.

Vías Respiratorias Superiores

Sinusitis: Es frecuente en la infancia, cursando con obstrucción nasal, ronquidos y rinorrea purulenta. En los jóvenes y adultos es más frecuente la cefalea.

Pólipos nasales: Su frecuencia varía del 10 al 36%, cursando con obstrucción nasal y ronquidos, o asintomáticos; siendo a veces necesaria la intervención quirúrgica

Vías Respiratorias Inferiores

La clínica dependerá de la edad, siendo el primer síntoma la tos, que va haciéndose continua y productiva. Esta expectoración (segundo síntoma) es viscosa y purulenta.

Lactantes: Debuta con tos persistente y dificultad respiratoria, (bronquiolitis) o tos pertusoide. Pueden existir signos como sibilancias, condensaciones o hipoventilación, y en la radiografía (Rx) de tórax se puede evidenciar hiperinsuflación pulmonar o infiltrados alveolares.

Preescolar y escolar: Los síntomas suelen ser infecciones respiratorias recurrentes, tos crónica y productiva o Asma bronquial de evolución tórpida. Signos como la acropaquia son frecuentes, por la cronicidad de la inflamación e infección, así como por la hipoxia. Y en las Rx de tórax pueden existir engrosamientos peribronquiales, bronquiectasias o condensación segmentaria.

Adolescentes y Adultos: La mayoría presentan neumonías de repetición o bronquitis crónicas progresivas desarrollando posteriormente bronquiectasias,y evolucionando a Insuficiencia Respiratoria.

Los pacientes de FQ tienen periodos de estabilidad clínica interrumpidos con periodos de exacerbaciones, definidas por un aumento de la tos y del volumen del esputo, pérdida de peso y reducción de la función pulmonar. Estas exacerbaciones se hacen cada vez más frecuentes dando lugar a la Insuficiencia pulmonar.

La microbiología del esputo de estos pacientes suele ser característica, siendo el Haemophilus (HI) y el S. Aureus (SA) los primeros colonizadores, después es típico cultivar la Pseudomona Aeruginosa, el cual se asocia a un deterioro progresivo de la función pulmonar. En los últimos años también se han aislado la Sternotrophomonas maltophilia, la Burkholderia cepacia entre otros.

La afectación pulmonar de la FQ se acompaña a lo largo de su evolución de muchas complicaciones, como pueden ser: Atelectasias (5-10%), Hemoptisis (60%), Neumotorax (10%) Aspergilosis pulmonar alérgica (10-20%) y finalmente la Insuficiencia respiratoria.

Manifestaciones gastrointestinales
Tracto Intestinal

Íleo Meconial: El 7-10% de los pacientes con FQ lo presentan de recién nacidos. Puede ocasionar una oclusión intestinal, con distensión de abdomen, incapacidad para expulsar las heces y vómitos. La Rx muestra niveles hidroaereos, aspecto granuloso del meconio y colon pequeño.

Síndrome de obstrucción intestinal distal (SOID): también denominado equivalente del íleo meconial, de fisiopatología análoga al anterior, pero aparece en niños y adultos jóvenes (15% de FQ), con síntomas de dolor en fosa iliaca derecha, pérdida de apetito, vómitos ocasionales y masa palpable. Ocurre en íleon terminal y/o colon ascendente.

Vólvulo intestinal: Se presenta más frecuentemente en los lactantes, y se origina por basculación de un asa con contenido de material espeso torsionando su meso. Como el íleo, puede ocasionar atresia, estenosis o íleo meconial.

Prolapso rectal: Más frecuente en lactantes, pero ha disminuido. Es consecuencia de la esteatorrea, el aumento de la presión intraabdominal y la hipotonía de la musculatura anal. Se resuelve al controlar la esteatorrea.

Invaginación intestinal: También puede darse en estos pacientes.

Reflujo gastro-esofágico: En su origen está implicada las posturas de la fisioterapia respiratoria a la que son sometidos estos pacientes y el aumento de su presión intrabdominal por la tos, aparece en el 20-25% de los casos.

Colopatía fibrosante: Su origen no está muy claro. La posibilidad de padecerla aumentaba en varones, con íleo mecánico, de 2-8 años y si toman laxantes o AINES. Se inicia en colon ascendente y ciego, pudiéndose extender a otros tramos del colon. Se caracteriza por un engrosamiento de la pared intestinal que altera la motilidad, pudiendo provocar diarrea y después obstrucción.

Páncreas

Puede ser a nivel exocrino o endocrino.

Insuficiencia pancreática exocrina (Malabsorción): la parte exocrina del páncreas secreta bicarbonato por los ductus, y enzimas (lipasa, amilasa y proteasa) por los acinis. En la FQ, la alteración de la CFTR es responsable de una insuficiencia pancreática, que afecta al 85% de los pacientes. Debido a ello se produce una malabsorción de grasas y proteínas, dando lugar a una diarrea crónica de características esteatorreicas (abundantes, no muy numerosas, pastosas, de aspecto pálido brillante y olor a rancio), dando como consecuencia una malnutrición calórico-proteica y una disminución de la absorción de las vitaminas liposolubles (A, D, K y sobre todo E). También está alterada la circulación enterohepática de los ácidos biliares.

Pancreatitis agudas o crónicas o alteraciones pancreáticas: suelen verse en la edad adulta y casi siempre en pacientes con suficiencia pancreática.

Afectación del páncreas endocrino: La llamada Diabetes (DM) relacionada con la FQ, aparece entre los 13-16 años y tiene una incidencia del 12%, aumentando su prevalencia con la edad. La causa principal es un déficit de insulina, más que una resistencia a la misma, aunque pueden coexistir.

Hepatobiliar

Aparece en un 15-60% de los pacientes con FQ, aumentando su incidencia con la edad. Puede manifestarse de diferentes formas: esteatosis, colestasis, cirrosis biliar focal, cirrosis biliar multilobular, colelitiasis, microvesícula, colangitis esclerosante, estenosis de colédoco. La colestasis neonatal se presenta en un 5% de los recién nacidos con FQ, presentando una ictericia prolongada.

Manifestaciones genitourinarias

En el 95% de los varones con FQ presentan una azoospermia, por la ausencia congénita bilateral de los conductos deferentes, lo que conlleva una esterilidad. El 20% de la mujeres con FQ son estériles, debido a los efectos de la enfermedad pulmonar crónica sobre el ciclo menstrual, a la consistencia y espesor del moco cervical, que bloquea la migración del esperma, y posiblemente por las alteraciones de la trompas de Falopio/pared uterina en el transporte de líquidos. En ambos sexos es frecuente el retraso de la pubertad.

Manifestaciones de las glándulas sudoríparas

La FQ provoca en las glándulas sudoríparas, una pérdida crónica de sal por el sudor y otros fluidos, pudiendo producir una depleción electrolítica y un síndrome pseudo-Bartter. En épocas de calor, la producción de sudor con un contenido mayor de lo normal en cloro, hace que estos pacientes tengan una perdidas hidroelectrolíticas aumentadas, pudiendo ocasionarles una deshidratación hiponatrémica y alcalosis metabólica hipoclorémica grave. Este proceso es, a veces, la forma de debut de la enfermedad.

Manifestaciones esqueléticas

La osteopenia y la osteoporosis son hallazgos frecuentes en los pacientes adultos con FQ. También pueden presentar retraso en la edad ósea y la osteoartropatía hipertrófica. Esta menor densidad mineral ósea se asocia a varios factores (sexo masculino, desnutrición, enfermedad pulmonar, diabetes, insuficiencia pancreática y tratamiento con glucocorticoides).

Otras manifestaciones

También pueden aparecer hipertrofia de las glándulas salivales, hemorragias retinianas, cor pulmonale, fibrosis miocárdica, etc.

DIAGNÓSTICO

El diagnóstico se debe de confirmar en el momento oportuno y con un alto grado de adecuación, así evitaremos pruebas innecesarias, se dará el tratamiento adecuado, asesoramiento genético y aseguraremos el acceso a servicios especializados.

El diagnóstico de la enfermedad se basa en los criterios clínicos anteriormente citados y en estudios de laboratorio. Se sospecha con la presencia de uno o más criterios clínicos:

1. Con uno o más rasgos fenotípicos compatibles con FQ, como:

       a)	Enfermedad sinusopulmonar crónica
       b)	Anormalidades gastrointestinales
       c)	Síndrome de pérdida de sal
       d)	Azoospermia 

2. o Tener un Hermano/a o primos hermanos, con FQ.

3. o Cribado neonatal positivo

Se confirma con pruebas de laboratorio que indiquen disfunción del CFTR, como:

1. Prueba de sudor positiva al menos en dos ocasiones (Cloruro >60 mmol/l)

2. o Presencia de dos mutaciones del CFTR

3. o Demostración de diferencia de potencial nasal (DPN) transepitelial anormal, medida en días diferentes.

Por tanto, ante cualquier cuadro clínico que sospechemos pueda tratarse de FQ, habrá que realizar pruebas complementarias para confirmar el cuadro. Estas pruebas son: Examen del cloro en sudor, análisis de mutaciones del gen de la FQ, estudio de la diferencia de potencial nasal transmembrana (DPN) y el estudio de la concentración sérica de tripsina inmunorreactiva (TIR) en los recién nacidos.

También pueden hacerse exámenes generales (Hematimetría, PCR, perfil bioquímico y lipídico, electrolitos plasmáticos, Inmunoglobulinas séricas…), pero estos irán en función de la clínica que el paciente presente y no son necesarios para el diagnóstico de la FQ, sino de la manifestación clínica por la que debute.

Tratamiento

No existe una terapia específica y curativa de la FQ, aunque se están realizando avances en lo que se refiere a la terapia génica y la proteica; por ello el tratamiento se basa en: 1) Prevención y tratamiento de la enfermedad respiratoria,favoreciendo la eliminación de las secreciones y controlando las infecciones, 2) Prevención y tratamiento del déficit nutricional, así como evitar la obstrucción intestinal, 3) Terapia física (Fisioterapia respiratoria, práctica de algún deporte, ejercicios de fortalecimiento de la musculatura del tórax), 4) Cuidado de la salud mental del paciente y 5) Prevención y tratamiento de otras manifestaciones o complicaciones.

En la tabla II se expone la situación actual de las nuevas terapias de la FQ, en uso, como en investigación.

TERAPIAS.jpg

El tratamiento de la FEPPI es desconocido sin ninguna evidencia actual al respecto más que lo descrito en estas series.

Kusagaya et al. describieron en su serie 5 pacientes, de los cuales ninguno recibió tratamiento durante una media de seguimiento de 45 meses (7-83 meses) sin describirse fallecimiento, pero con un deterioro clínico y funcional.

En la serie inglesa de 12 pacientes, 9 fueron tratados con corticoides de los que 2 asociaron un inmunosupresor (Ciclofosfamida o Azatioprina) y a 2 se asoció N-acetilcisteína. 7 pacientes presentaron progresión y 5 de estos pacientes fallecieron en un plazo de 4-24 meses tras el diagnóstico.

Conclusión

En conclusión, la FEPPI es una entidad muy poco frecuente, caracterizada por una marcada fibrosis pleuroparenquimatosa y degeneración elástica intesrticial, con una evolución muy limitante y de curso agresivo, cuyo diagnostico de alcanza mediante los hallazgos clínico, radiológicos y anatomopatológicos descritos en la presente revisión y que en la actualidad no hay una evidencia de tratamiento eficaz y presenta una tendencia a la progresión a medio plazo y con pobre pronóstico.

Nuevos estudios y descripción de casos son necesarios para arrojar más luz a esta entidad ante la que los clínicos y los pacientes nos enfrentamos.

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