Estrongilosis pulmonar

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Strongyloides stercolaris es un parásito helminto que se caracteriza por su capacidad de replicarse en el interior del cuerpo humano, lo que le permite permanecer en el mismo durante décadas sin precisarse nuevas exposiciones. En pacientes inmunocompetentes puede permanecer en el organismo de forma asintomática durante años, sin embargo en inmunodeprimidos las larvas se pueden diseminar por todo el organismo y acabar causando la muerte.

Estrongilosis pulmonar
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Bronquiolo con contenido hemorrágico y larva de strongilides stercolaris
CIE-10 B78.9

Sinónimos

Introducción

El parásito vive en el suelo una vez que éste se ha contaminado por heces de pacientes afectos y los humanos lo adquieren cuando toman contacto mucoso o cutáneo con estas superficies. La estrongiloidiasis es endémica en áreas tropicales y subtropicales y ocurre solo esporádicamente en zonas templadas. Es particularmente frecuente en el sudeste asiático, Brasil y Africa subsahariana, donde su prevalencia puede ser de mas del 25 por ciento. En zonas no endémicas como Europa y Estados Unidos, los portadores suelen ser inmigrantes, refugiados, viajeros o militares procedentes de estas zonas y puede ser sospechada por el hallazgo incidental de eosinofilia, que suele ser común y de intensidad fluctuante, en un análisis de sangre de rutina.

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En los casos no complicados, la mayoría de pacientes están asintomáticos o tienen síntomas cutáneos leves, tipo urticaria recurrente que afecta glúteos y muñecas, o molestias abdominales vagas como epigastralgia que puede simular una úlcera péptica y causar nauseas, diarrea, sangrado gastrointestinal y pérdida de peso. Los síntomas pulmonares son raros en los casos no complicados.

Cuando la inmunidad del paciente se deprime, sobre todo por el uso de corticosteroides y mucho menos frecuentemente por otros inmunosupresores, se produce la proliferación masiva de larvas filariformes, lo cual suele invadir tejidos gastrointestinales y los pulmones fundamentalmente, pero también el sistema nervioso, el peritoneo, el hígado y los riñones. Curiosamente, la estrongiloidiasis diseminada no es común en personas infectadas por el virus de la inmunodeficiencia humana.

La llegada de larvas al pulmón puede provocar tos seca, irritación de garganta, disnea y sibilancias, lo que hace sospechar un cuadro de asma y precipitar el uso de corticoides. En estos casos se produce un empeoramiento paradójico de los síntomas asmáticos con el uso de estos fármacos, habitualmente muy eficaces.

Precisamente esto es la clave que debe hacer sospechar de este diagnóstico en pacientes posiblemente infectados, como los grupos de población mencionados anteriormente. Otras veces se manifiesta como hemoptisis o como un síndrome Loeffler's-like con eosinofilia, pero esto último es poco frecuente. Otros pacientes con estrongiloidiasis crónica presentan episodios repetidos de fiebre con infiltrados pulmonares, simulando una neumonía bacteriana que no responde a antibioterapia habitual. También puede cursar como disnea y patrón restrictivo pulmonar, insuficiencia respiratoria aguda o embolismo pulmonar.

En casos no complicados, el hallazgo de las larvas en las heces es diagnóstico, pero puede ser necesario recoger varias muestras para detectarlo, pues habitualmente son pocas las larvas que se expulsan. También pueden ser detectadas en aspirados gástricos, examen del esputo, del lavado broncoalveolar o de drenajes quirúrgicos. La detección de anticuerpos mediante ELISA es una prueba sensible y debería realizarse a pacientes cuya procedencia geográfica les hace susceptibles, sobre todo si presentan eosinofilia y/o van a recibir tratamiento con corticoides por otra patología concomitante.

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Incluso en estados asintomáticos, la estrongiloidiasis debe ser tratada debido al riesgo potencial de superinfección que puede ser mortal. La Ivermectina durante dos días es más efectiva que el albendazol durante tres. En los casos de infección diseminada el tratamiento debe prolongarse durante al menos 5-7 días para asegurarse de que el parásito está erradicado.

El pronóstico de la enfermedad es bueno excepto en los casos de superinfección en los que la tasa de mortalidad puede ser importante, sobre todo si se complica con bacteriemia y sepsis y el diagnóstico se retrasa.

En cualquiera de los casos se recomienda seguimiento mediante examen repetido de heces y/o análisis serológicos seriados para cerciorarse de la curación.

En cuanto a la prevención, consiste fundamentalmente en un adecuado saneamiento de las aguas fecales y el uso de calzado en zonas endémicas para evitar el contacto con el suelo potencialmente infectado.